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En Afganistán empezó el conteo de votos, luego de que miles de personas participaran en las elecciones presidenciales pese a las amenazas del Talibán, la sombra de fraude y los ataques que dejaron más de 25 muertos en la jornada.
Sin embargo, el futuro sigue lleno de interrogantes, no sólo por el nivel de legitimidad y transparencia de los comicios, sino también porque las opiniones de los propios observadores internacionales oscilan entre la esperanza y la cautela a la hora de valorar las primeras elecciones organizadas por una comisión afgana independiente.
En Afganistán empezó el conteo de votos, luego de que miles de personas participaran en las elecciones presidenciales pese a las amenazas del Talibán, la sombra de fraude y los ataques que dejaron más de 25 muertos en la jornada.
"Los votantes con los que hablé eran muy optimistas, y decían no sentirse intimidados por las amenazas del Talibán", relató Wyatt.
El propio presidente y candidato, Hamid Karzai, felicitó a los afganos por su participación: "La gente ha desafiado a los cohetes, las bombas y las intimidaciones y ha salido a votar", dijo.
En una declaración televisada, Karzai añadió que éste fue "un día de orgullo y gloria" para su país.
Sin embargo, según informó citando datos del Ministerio del Interior, durante la jornada electoral se registraron más de 73 ataques en 15 provincias diferentes.
También se produjeron tiroteos en Kabul entre las fuerzas de seguridad afganas y presuntos atacantes suicidas.
Peor es nada
Además de las alertas por la amenaza talibán, que llamó a boicotear las elecciones y anunció represalias para los que acudieran a votar, el fraude es otra de las sombras que planea sobre la frágil democracia afgana.
A dos días de la cita con las urnas, una investigación realizada por la BBC encontró pruebas de corrupción que demuestran que miles de tarjetas electorales se pusieron a la venta, y miles de dólares se ofrecieron para comprar votos.
Pero más allá de todas las irregularidades y falencias, muchos afganos parecen estar de acuerdo en que la peor opción es no tener elecciones, en un país que ha sufrido 25 años de guerra.
Según relató Lyse Doucet, enviada especial de la BBC a Kabul, al preguntarle a un hombre de negocios de la capital si creía que iba a haber fraude, la respuesta fue un convencido "sí".
La siguiente pregunta fue si creía que las elecciones -cuyos primeros resultados oficiales se conocerán en dos semanas- debían llevarse a cabo de todas maneras, y la respuesta fue otro "sí" con igual convicción.
La vara con que se mide
La periodista de BBC comentó que algunos observadores extranjeros están preocupados desde hace meses por el lenguaje que utilizarán el día después de las votaciones que elegirán el próximo presidente y 420 miembros de consejos provinciales.
"Si se coloca el listón muy alto, los candidatos descontentos pueden presentar el resultado como una prueba convincente de que fue una victoria robada".
"Si se coloca muy bajo, los afganos que han puesto su energía y esperanza en un proceso crucial -aunque imperfecto- se sentirán engañados", razonó Doucet.
En todo caso, añadió la corresponsal de BBC, es difícil encontrar a alguien que crea que las terceras grandes elecciones en Afganistán desde 2001 -las segundas presidenciales y las primeras organizadas por un comité afgano independiente- serán completamente "libres y limpias".
En busca de la estabilidad
Para Jonathan Marcus, analista diplomático de BBC, todas las dudas que rodean al proceso electoral afgano pierden fuerza frente a la importancia que muchos expertos ven en esta votación para el futuro de Afganistán.
Para el especialista, la renovación democrática del mandato del presidente Hamid Karzai -favorito en las intenciones de voto frente a una treintena de candidatos- es esencial para que los esfuerzos de la administración de Barack Obama orientados a estabilizar el país puedan tener alguna oportunidad de éxito.
Algunos temen que un resultado indefinido pueda dar lugar a un peligroso vacío de poder hasta la segunda vuelta, prevista para octubre en caso de que ninguno de los candidatos obtenga más del 50% de los votos.
Sin embargo, como destaca Marcus, lo que realmente importa es la manera en que los propios afganos analizan el desarrollo de sus elecciones, y si lo consideran lo suficientemente justo como para respetar el resultado
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